ARMONÍA MAS ALLA DE LA FORMA.

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Las grandes obras maestras de la arquitectura, aquellas que emocionan, han perdurado en el tiempo y aún son capaces de movilizar los sentimientos de quienes las vivencian. Tienen este efecto porque son mucho más que un acierto formal, tienen vida y no sólo son un aporte a las necesidades físicas, sino también al espíritu de quienes las habitan.

A medida que crece el número de personas que sienten la necesidad de reencontrarse con la naturaleza, surge un mayor interés por volver a concebir espacios habitables en sintonía con las leyes que rigen al Universo. La proliferación de espacios arquitectónicos anodinos demanda por oposición, la búsqueda de espacios “sagrados” en su vida cotidiana.

El ser humano ha prestado cada vez menos atención al “desarrollo espiritual” del hogar, vaciando de contenido simbólico su hábitat. Un funcionalismo racionalista, sostenido por los sectores agnósticos más materialistas del pensamiento contemporáneo, ha despojado las paredes de nuestras casas de la carga simbólica que tenían en el pasado. Huérfanos de fe, hemos quedado también huérfanos de espacios naturales que sean un soporte idóneo para el cabal desarrollo de la vida doméstica.
Es necesario volver a pensar en viviendas en el verdadero sentido etimológico de la palabra. Vivienda deriva del término vivir, del latín vivêre, que quiere decir tener vida; pero tener vida en serio, comprometida con las cuestiones trascendentes de la conciencia humana, despertando su naturaleza espiritual. No alcanza con tener vida física para considerarse vivo. Recuperemos el arraigamiento a nuestro hogar, que debería ser un reflejo de nuestra experiencia -de nuestra identidad- para sentirnos en casa, “mi casa es mi castillo” Dalai Lama.

Existe una estrecha relación entre arquitectura, diseño y bienestar. Hay lugares que ejercen en nosotros un efecto benéfico o que nos inspiran y otros que nos producen dolor anímico. La influencia del diseño transcurre a través de la impresión que reciben nuestros sentidos. Constantemente estamos recibiendo impresiones causadas por nuestro entorno. La teoría clásica de los cinco sentidos no basta para enjuiciar las cualidades de un diseño. En su obra “Sinn und Un-sinn” (“sentido y sin sentido”), el diseñador Wulf  Schneider distingue doce diferentes áreas sensoriales. Para ello se apoya en la teoría de Rudolf  Steiner, que distingue así mismo doce diferentes sentidos.
Hay una analogía entre nuestro lenguaje habitual y el lenguaje del diseño en arquitectura, hasta el punto en que el lenguaje de las formas arquitectónicas expresa las formas de pensar que predominan en una época determinada de la historia.

Según la neuro arquitectura, elementos de diseño como la iluminación. Altura de los techos, los colores, la posición y estilo de los muebles ejercen un enorme impacto sobre nuestra salud física y mental.

Armonía más allá de la forma para nosotros es disfrutar de un espacio que promueva armonía en quien vive o habita dicho espacio, hay lugares que te llegan de energía, como hay espacios que pueden restar energía.  Nuestra labor es practicar diseño armónico que se sienta contenido en la forma exterior e interior y que trascienda hasta tocar las fibras más sensibles de las emociones de las personas permitiéndoles conectar con su esencia, con su armonía y su tranquilidad.

Técnicas como el Feng-shui aplicada a la vivienda o los espacios de trabajo resultan de gran ayuda para una organización armónica, potencian cualidades positivas y neutralizan las negativas de los mismos, para beneficiar a las personas en su vida cotidiana.     Feng Shui literalmente significa Viento y Agua, sin embargo, Viento y Agua no reflejan a primera vista, el espíritu del Feng Shui que sería algo así como Medio Ambiente o “Vida en Armonía con el Medio Ambiente”.

Nuestro estudio de arquitectura esta comprometido con nuestros clientes a crear nuevas maneras de diseñar, construir, remodelar y decorar, buscando siempre la comodidad y su bienestar.

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